domingo, 15 de julio de 2012

EL ORFANATO DE LAS MONJAS DE TAFIRA (GRAN CANARIA)

Cientas son las historias de gente que visita estos lugares por su magia y para escuchar el eco del pasado que recorren sus pasillos. Canarias Misterio se traslada esta vez a uno de estos lugares que años atrás albergaba a cientos de personas, y que hoy , no es mas que la triste sombra de lo que un día fué. Pero esto no es todo lo que nos ha llamado la atención, sino el hecho de que tras años de abandono, se ha extendido el rumor de que sectas satánicas han estado usando sus dependencias para rituales paganos. Estamos hablando, del instituto internado que regentaban las Monjas de clausura en Tafira, en la zona norte de Gran Canaria.


Como podemos observar en las fotografías, posee un estado de conservación externo envidiable, fruto del poco tiempo que lleva abandonado a la suerte del tiempo.


La reja principal estaba cerrada y encadenada, al contrario que la entrada trasera , que nos dejaba vía libre al encontrarse abierta de par en par, por lo que podemos entrar  al inmueble por las canchas de deporte.

Nada mas acceder, nos encontramos ante los antiguos garajes de los edificios, que no se conservan tan bien como aparenta el  aspecto exterior del conjunto restante. Ya que hay señales de fuego, cenizas, óxido y herrumbre.

Dejando atrás dichos aparcamientos, y tras sortear el muro que los une, llegamos al edificio principal que servía de instituto y lugar de estudio.


Este enorme edificio, constituido por tres plantas y una azotea, esconde un estado de conservación interior pésimo que no refleja su fachada exterior. La primera planta consta de: cafetería, recepción, varios baños, salas de reuniones, almacén y un cuarto de contadores. En el que algunos fusibles aún se encuentran expuestos, generando una situación bastante peligrosa para los incautos. Todas las habitaciones están invadidas desde el exterior hacia el interior por la vegetación; lúgubres enredaderas colapsan las ventajas de cristales rotos, impidiendo entrar la claridad al interior.

 *Destacar del primer piso del edificio: el patio interior al que se accede al entrar, ya que lo que antaño fué una presuntuosa y orgullosa cristalera, que se observaba desde lo alto, filtrando los rayos de Sol mitigados por el contacto con el cristal, sobre los alumnos que en el pasado andaban dentro, hoy tan solo es un esqueleto oxidado de acero. Que con pequeños fragmentos de cristal aún anclados a sus brazos metálicos, dan una visión oscura y desgastada al interior del patio.


La pesadumbre recorre nuestro cuerpo al observar pizarras resquebrajadas por los años, pupitres envueltos en una fina capa de polvo y sillas oxidadas. Algunas de éstas cojas, parodiando lo que antiguamente deberían ser clases de estudiantes. Un lugar que a día de hoy, simplemente es víctima de su propio reflejo.

Los pisos superiores, son una sucesión de pasillos alargados y claroscuros que embriagan el alma de una sensación de tristeza. Y porqué no decirlo, cierto aire de misterio y temor. Ya que, la visión de pasillos en ruinas a ambos lados por puertas y ventanas rotas en abandono, pesan sobre la mirada de cualquiera. Los baños y vestuarios, aún conservan las escrituras en puertas de jóvenes que plasmaron en bolígrafo sus promesas de amor y desconformidad con el profesorado, a pesar de que el polvoriento estado esconda sus secretos más antiguos.


Al llegar a la azotea nos sorprendemos por encontrar una instalación de placas de energía solar completa que. a pesar de su incalculable valor de reutilización, la habían destruido por completo. Una lástima que no volvieran a usar o trasladar esta ecológica instalación a algún otro edificio que si esté actualmente en uso.


Este segundo edificio es aún más tétrico y grotesco que el anterior. Antes de ascender por las escaleras del porche que precede la entrada, descendimos a los sótanos del lugar. Donde se encontraban unos vestuarios en los que algunos jóvenes, queriendo alimentar la leyenda de misterios del lugar, habían plasmado para la prosperidad sus manos con pintura roja. Imitando de esta manera, la sangre humana en busca de dar un resultado tenebroso al oscuro vestuario. Junto a esta estancia, encontramos desgraciadamente, que el resto del sótano había sido tapiado con ladrillos, y por lo tanto su acceso era imposible. Por lo que nos encaminamos a penetrar definitivamente en las entrañas del edificio, que servía como residencia a las monjas clausuladas en él.


Nuestra curiosa y asombrada vista se centra nada mas entrar en la recepción central de la estancia. El interior, es un patio de 3 pisos, donde el centro es una recepción espectacular con un monumento cilíndrico coronando la entrada. Éste se encuentra acristalado y bordeado por una escalera de caracol, que serpentea alrededor de este pináculo interior. Las dependencias y habitaciones, se distribuyen por los lados de los pasillos. El primer piso consta de: aulas, salas de estar, un tremendo comedor (víctima del vandalismo y el olvido del abandono), una cocina bastante amplia (con sus habitaciones-neveras), y una capilla para la oración de las monjas (ésta había sido ultrajada y reformada para unos fines muy distintos para los que había sido concedida).


Tras bordear unas enormes y pesadas puertas correderas, de manufactura clásica y antigua y de unos 3 metros de altura, nos extrañamos por la falta de focos de luz que penetraban desde el exterior en la capilla. Nuestra sorpresa llegó cuando, tras inspeccionar con la tenue luz de nuestras linternas, observamos que las cristaleras de la capilla habían sido tapiadas concienzudamente con dos tabiques de bloques de cemento, de forma que, ninguna luz ni mirada fortuita pudiera ver el interior de aquel lugar de culto. Así, jugando con las sombras a su favor, las personas culpables de aquella profanación habían dispuesto cirios y velas negras y rojas por toda la estancia, habían quitado los asientos del lugar y reemplazados por piedras lisas dispuestas en círculo alrededor del altar. Donde, escondido bajo una tenue pátina de polvo y tierra, se encontraba un círculo escrito en el suelo, en el que se observaba claramente el pentagrama invertido en honor al macho cabrío, rodeado a su vez por una serie de signos o glifos que escapaban a nuestra comprensión. Pero envolvían aún mas el alma en aquel sombrío espectáculo. La cruz de la pared principal había sido arrancada y quemada en las proximidades, y en su lugar se podía ver de 
nuevo el pentagrama invertido, pintado con una destreza algo terca, sumando ya en total oscuridad aquel antiguo altar.

Tras dejar la grabadora en tal sombrío lugar, seguimos ascendiendo por todos los pisos. Entrando, una a una, en todas las dependencias de las monjas. La estructura y la construcción de madera y estrechos pasillos, recuerda en sobremanera a cualquier película moderna de terror japonés, ya que no sabíamos que nos podríamos encontrar tras cada esquina. Tras pasar varias horas en el interior e inspeccionar cada una de las dependencias, decidimos marchar, ya bien entrada la noche hacía largas horas, no sin antes volver a recoger la grabadora para inspeccionar si en aquel sagrado y profanado lugar habíamos podido captar algo ajeno a nuestros sentidos.


Cierto es que, en esta investigación, no habíamos ido a investigar un lugar del que supiéramos que existieran historias claras y bien ancladas a nuestro folclore, sino mas bien guiados por rumores y la curiosidad e interés propias del investigador sediento de misterios y experiencias que, en esta ocasión, nos sentimos satisfechos por lo descubierto en el lugar. Además, algunos indicios y formas de proceder a la hora de levantar los altares satánicos que coinciden con algunos procedimientos de otros que hemos visto en diferentes lugares, nos hace sospechar que quizás exista una secta bastante extendida y organizada que use dichos lugares ajenos a la vista del pueblo, para sus oscuros intereses.


Orfanato de las monjas de Tarifa (Gran Canaria)







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